A mediados del mes de junio, nuestra compañera Iciar Iturmendi participó en la reunión de agentes organizada por la Universidad de Bath con el propósito de aprender más sobre esta institución, posicionada excelentemente en los rankings educativos y una de las más demandadas por nuestros estudiantes. Os dejamos aquí sus impresiones tras una semana intensa de visitas por su campus y sus instalaciones:
La ciudad de Bath está a tan solo una hora y media en tren de Londres y, junto con Venecia, es la única ciudad del mundo reconocida como patrimonio de la UNESCO. Los romanos la consideraron un paraíso para promover el descanso y la espiritualidad y aprovecharon sus aguas termales para construir los famosos baños romanos de la ciudad. A día de hoy, la Universidad de Bath ha convertido la ciudad en el entorno ideal para estudiantes de grado y posgrado, de los cuales un 31 % son internacionales de 162 países.

Lo que más me sorprendió de mi visita a la Universidad de Bath es que más del 67 % de los alumnos de grado tienen la oportunidad de hacer un año de prácticas en una empresa relacionada con su área de estudio, a pesar de estar aparentemente alejada de la capital. Además, la mayoría de sus programas tienen un enfoque práctico, incluso ofrecen la posibilidad de, en vez de realizar un trabajo académico de fin de grado, resolver un pequeño caso real, ‘Practice Track’ que les plantee una empresa u organismo a nivel local, nacional o internacional. Esto se acaba convirtiendo en un proyecto de consultoría que los alumnos pueden añadir a sus currículums y desarrollar en futuras entrevistas de trabajo. El énfasis que hace la Universidad de Bath en promover la empleabilidad de sus estudiantes da resultados: 92,5 % de sus graduados encuentran trabajos de acuerdo con su especialidad 15 meses después de su graduación.


La Universidad de Bath es de las pocas universidades en el Reino Unido que puede presumir de tener un campus universitario grande integrado en un entorno natural y, a la vez, promover la empleabilidad de sus estudiantes al mismo e incluso más alto nivel que otras universidades ubicadas en áreas más industriales del país. Tienen las segundas mejores instalaciones deportivas del Reino Unido. Todos los estudiantes tienen acceso a la piscina olímpica, tres gimnasios y toda clases de actividades deportivas por un precio reducido, y pueden encontrarse allí con atletas olímpicos del equipo británico de natación, pentatlón y esgrima. Los miércoles por la tarde, sus campos se llenan de alumnos que compiten en la liga universitaria ‘BUCS’ de una infinidad de deportes, desde el fútbol hasta el ultimate frisbee. Después de la competición, los alumnos acuden al ‘Student Union’, que se ubica en el punto central del campus, donde la sala principal se convierte en un clásico pub con pista de baile.
Volver a casa es fácil y seguro: los estudiantes de primer año tienen garantizada una plaza para vivir en el campus universitario, y aquellos en cursos más avanzados viven como mucho a media hora andando, pudiendo usar los autobuses públicos que pasan con frecuencia para llegar al campus.

Dejo para el final mencionar la altísima calidad académica de todos los programas de la Universidad de Bath, no porque sea un dato menos importante, sino porque es incuestionable. Una de las estudiantes que conozco allí comentaba que, además de estar disfrutando de su grado en Ingeniería Mecánica, también es parte del equipo ‘Team Bath Heart’, liderado únicamente por estudiantes que trabajan durante el curso en construir un modelo lo más parecido a un corazón humano, con el objetivo de, en un futuro, poder aplicar su trabajo a mejorar la esperanza de vida de personas con problemas cardiovasculares.
Tanto en el campus universitario como en la ciudad, me he sentido acogida por los estudiantes, profesores y trabajadores de la Universidad de Bath, que presumen, con razón, de Bath.







